Todo lo que estás haciendo mal con tu almohada

Todo lo que estás haciendo mal con tu almohada

¿Cuál es la más adecuada?, ¿Cuándo hay que cambiarlas?, ¿Cómo se limpian?

Te contamos todo lo que necesitas saber sobre la almohada para un óptimo descanso. La calidad del sueño depende de varios factores y entre ellos la almohada juega un papel fundamental. Tamaño, altura, consistencia, …  Te presentamos una  guía con la que acertar tanto en la elección como en su cuidado.

La posición correcta

Cuando dormimos, nuestra columna debería encontrarse en una posición natural y relajada.La altura de la almohada es un importante condicionante. No debe ser ni demasiado alta ni excesivamente baja para que el alineamiento de la columna no se pierda.

Si tendemos a dormir de lado, la almohada debe rellenar el hueco que queda entre el cuello y el hombro, por eso es recomendable que en estos casos sea más gruesa que si optamos por dormir boca arriba.

Caso especial es el de las personas que duermen boca abajo. Se trata de una postura que los médicos desaconsejan por lo que entonces  mejor prescindir de la almohada.

Materiales

La primera cuestión es comprobar que no somos alérgicos a alguno de ellos.

Las almohadas rellenas de plumas de oca están en el punto de mira por su asociación con la fibrosis pulmonar. Son muy suaves y agradables, pero poco higiénicas y se argumenta que la pluma natural puede estar íntimamente relacionada con el desarrollo de fibrosis pulmonar según un estudio del hospital Vall d’Hebron.

La viscoelástica, material creado por la NASA que reparte uniformemente el peso de la cabeza por toda la superficie, es el gran avance en el sector.

Las almohadas de goma espuma son más higiénicas que las anteriores y más adecuadas para quienes sufren de rinitis alérgica. El problema es que son rígidas y muy incomodas para el verano.

El termino medio entre confort e higiene se encuentra en las de látex, que son lavables y están preparadas contra los ácaros.

Las opciones más modernas son las fabricadas en microfibra que redistribuyen muy bien el peso de la cabeza.

Limpieza

Uno de los riesgos para la salud de las almohadas está en los ácaros que pueden colonizarlas, son invisibles y proliferan en ambientes húmedos y calurosos. Incluso en las personas que no son alérgicas, los mismos pueden crear importantes problemas.

Por dicho motivo, las almohadas se deberían lavar con regularidad, mientras que las fundas han de ser cambiadas cada semana y puestas en la lavadora con agua a 60 grados.

Se deberían sustituir las almohadas cuando dejan de ser cómodas o cuando tienen dos años.

Las que llevan relleno sintético pueden ser lavadas a mano o a máquina y es importante que se sequen sobre una superficie plana para evitar su deformación.

Por lo que respecta a las almohadas de espuma viscoelástica se recomienda mirar la etiqueta ya que muchos fabricantes no aconsejan su lavado.

Sustitución

Al igual que ocurre con los colchones, con el paso del tiempo las almohadas van perdiendo sus propiedades y pueden ser hasta perjudiciales para el descanso. La norma suele ser tan simple como cambiarlas cuando notamos que ya no son cómodas o cuando empezamos a sentir molestias que antes no estaban presentes.

Otra regla es sustituirlas cada dos años, en este caso por los ácaros que pueden haber acumulado, así como por la suciedad. Si notas que tu almohada te provoca alergias o irritaciones, opta directamente por adquirir una nueva.

Una prueba para comprobar el estado de la almohada consiste en doblarla por la mitad para ver cuánto tarda en volver a su posición normal. Si no lo hace, o si le cuesta volver a su forma original, ha llegado el momento de cambiarla por otra.

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